- En “Sky blue sky” Wilco se relajan y entregan sus canciones más accesibles.
- A pesar de dejar a un lado su cara experimental, la banda reafirma su condición de “supergrupo” del nuevo folk rock.
"Shake it off", de "Sky blue sky".
Wilco trasmutó en “Yankee Hotel Foxtrot” su sonido en un viaje, al menos por
ahora sin
retorno, del folk tradicional a terrenos más experimentales. La jugada
les salió bien y el grupo firmó uno de los discos más interesantes de comienzos
de esta década.
Luego vino “A ghost is born”, que asentó el modelo creativo esbozado en dicho
trabajo.
Por la turmix pasaban a Neil Young, John Lennon y a otros, en un puré de apariencia
clásica aunque mezclado con otras corrientes, capas, experimentos y texturas.
Pasaron tres años y llegó un 2007, por lo general, falto de originalidad. Jeff Tweedy y los suyos se sumaron a dicha corriente mayoritaria, pero conservando el pedigrí.
Este “Sky blue sky”, vuelta a los ruedos musicales de los norteamericanos, es un sexto disco en estudio de recorrido en retorno a obras primeras como “Summerteeth”.
Poco queda en “Sky blue sky” de esa ansia por reinventar el rock norteamericano, de cuestionar las teorías y borrar los apuntes de la pizarra para dar una nueva vuelta de tuerca más en cada canción a los tornillos musicales.
El nuevo disco de Wilco es más accesible, pero no por ello peor. Es un trabajo
tranquilo y pausado, fácil de degustar y, con mucho, difícil de resultar indigesto.
Tweedy y compañía han hecho el disco que les apetecía, sin miedos a las reacciones
de la que presume ser la parroquia indie más ortodoxa y (no siempre) cultivada.
Lo cierto es que a “Sky blue sky” no se le pueden ver muchas pegas. No es un
disco sencillo, tampoco es excesivamente comercial. Contiene buen rock y folk,
canciones que parecen nacer de atardeceres en porches de la América rural o de
un
viaje
en
carretera
por la costa californiana entre cielos claros y azules.
“Either way”, la pieza inicial de este nuevo disco, embriaga: es tensión emocional,
belleza y calidez. Al lado quedan ejercicios de rock clásico de trazo firme como “You
are my face”, “Walken” o “Shake it off” y la placidez country de “Sky blue sky” o
los ecos dylanianos de “What light”. En la línea más innovadora se sitúan
el
mediotiempo “Imposible Germany” –puro Wilco- con un espectacular trabajo final
de guitarras que evita con habilidad el onanismo y “On and on and on”, canción
casi
escondida
de épica
incombustible
y llamada a permanecer en el recuerdo. Atrás quedan los tiempos en los que Jeff
Tweedy quizá exorcisó todos sus demonios interiores. Ahora se
ha
relajado:
es un
músico
tranquilo y feliz. Por Miguel Martínez de la Cruz.