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Interpol

Lejos de resultar perniciosas, las etiquetas y las comparaciones pasan por ser en la mayoría de las ocasiones parte integral del puerto de despegue a través del cual un producto cultural alcanza a ser consumido. Ni qué decir tiene cuando éstas están de moda, pues es entonces cuando nace un fenómeno de masas capaz de completar toda una gira mundial con 'sold outs'. A partir de ahí sólo queda que el tiempo haga justicia y descubra si en verdad este o aquel fueron gigantes por causa propia o ajena. Con sólo dos largas duraciones aún es pronto para afirmarlo con certeza, pero en el caso de Interpol todo apunta a lo primero a pesar de partir con la desventaja aprovechable de ser etiquetados como la "clean version" de Joy Division: cuando te toca revisar un coloso las cosas se ponen difíciles en tanto que ese mito es cuanto menos intocable. En un contexto sociocultural en el que predomina el reestudio, la revisión y la reinterpretación, afirmar que el mérito artístico estriba únicamente en fabricar un producto completamente nuevo es tan falaz como sostener que allá donde uno se remite fue en su día un lugar invisible e inexistente.

Una de cal y otra de cal

Cuando en 2002 llegó a mis manos "Turn on the bright lights" (Matador/Virgin), el primero de los dos largos de Interpol, la impresión inicial acabó siendo la definitiva: una estilosa suma de recursos tomados principalmente del after punk de los primeros 80 y de la no wave americana. Líneas de bajo y ritmos de batería sólidos y melodiosos, envolventes guitarras de color tan negruzco como luminoso y, no muy por encima de todo ello, apuntillantes, oscuras y bellas melodías de voz. Las canciones datan desde los inicios del combo allá por 1998 hasta momentos previos a meterse en el estudio. Como no podía ser de otra manera en un trabajo con pretensiones, la producción, discreta y elegante, goza de protagonismo en lo que a la calidad del disco se refiere: Peter Katis (Mercury Rev) y Gareth Jones (Depeche Mode, Nick Cave) se ocuparon, como volverían a hacerlo en 2004 con "Antics", de otorgar a la creación un tufo a trabajo calculado por los cuatro costados. "Untitled" hace las veces de obertura en una primera parte en la que predomina la alternancia entre medios tiempos (NYC) y cortes power pop de fórmula corta-pega (Say Hello to the Angels o PDA). La segunda sección se introduce con "Hands Away", interludio bañado en teclados tenebrosos y oscurantistas, y es donde el disco alcanza sus momentos más bellos y lánguidos gracias a temas como "The New" o "Stella was a diver and she was always down". Es innegable la línea agónica a lo largo y ancho de los 11 cortes, lo cual lejos de suavizar y engrasar su escucha y disfrute expone al oyente a un alto peligro de empalague. Uno ante todo necesita aire, a poder ser fresco, y en este caso escasea.

Madurar o morir

Con la llegada de "Antics" (Labels/Virgin, 2004) daba la impresión de que los medios estaban todos cuchillo en mano para degollar a los neoyorkinos en un intento de quitarles lo que ellos mismos les habían concedido. Parecía que el único modo de salvación posible hubiera consistido en transformarse vía giro de 180 grados, en reinventar un nuevo concepto de lo que debiera ser Interpol. Pero resultó que el grupo no contempló esta opción como oportuna y en vez de satisfacer los falsos deseos de la muchedumbre mediática dieron un paso adelante en el camino que ellos mismos habían trazado dos años atrás. Aumenta la capacidad expresiva, la calidad interpretativa y compositiva, la intensidad melódica, la comerciabilidad, los registros, la sencillez. Cesa la imposibilidad de tomar respiro, disminuye la desesperación existencial. Se esclarecen al fin y al cabo los contornos del dibujo inicial del concepto Interpol sin perder nada de lo que ya habían propuesto.

Llama la atención la introducción, dentro del concepto de imagen de marca, del blanco como nuevo color a compartir con el rojo y el negro que en "Turn on the bright lights" habían copado todo el protagonismo. Y es que en verdad "Antics" supone un golpe de luz clara en el proceso de creación del grupo, algo que queda patente sobretodo gracias a la acertada decisión de abrir el disco con "New Exit", medio tiempo luminoso que despliega unos teclados sencillos y optimistas sin salirse del oscuro guión. A partir de aquí se esbozan varios hits como "Evil", "Slow hands" o "C'mere" alternados también con algún medio tiempo como "Take you on a cruise" o "Public Pervert". "Not even Jail" hace en esta ocasión las veces de interludio, pero un interludio que casualmente es la canción más optimista del disco, un interludio que enlaza, relaja y en cierto grado alegra la escucha. Cabe sospechar que la línea de "Not even Jail" será la más buscada en un futuro tercer disco. Así pues, mediocres plagiadores de la archirrecorrida revisión post punk para unos, herederos capitanes de la vertiente tenebrosa del rock para otros, Interpol de momento se dedican a llenar de teenagers y no tan teenagers las mejores salas del planeta. ¿Mérito ajeno?, ¿mérito propio?. El tiempo dirá.

Reportaje escrito por Jesus Rodríguez