Summercase 2007 [14 Julio. Boadilla del Monte. Madrid]:
Arcade fire triunfan en la segunda jornada del Summercase
- Los canadienses brillaron por encima del resto del cartel.
- La mala sonorización de una de las carpas perjudicó a una intimista
PJ Harvey.
Al contrario que en la primera jornada madrileña del festival, el Summercase
ofreció el sábado sus mejores momentos en los escenarios grandes.
Los cabezas de cartel no defraudaron, aunque en las carpas pequeñas las
minorías más exigentes también pudieron disfrutar de propuestas
exquisitas.
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PJ Harvey - Oh my lover
Editors ofrecieron un concierto sólido y contundente. Presentaban su
segundo disco, “An end has a start”, que les aleja del post punk
oscuro con claras referencias a Joy division de su debut. Editors suenan ahora
como un cruce de U2 y Coldplay. Su nuevo trabajo está plagado de medios
tiempos y sus nuevas canciones, orientadas hacia la radiofórmula de medio
tamiz indie. Brillaron, por encima de dicho nuevo repertorio, canciones de su
primer trabajo como la excelente y pasional “Bullets”, los singles
bailables de “Lights” o “Munich” y el post punk de “Fingers
in the factories”. Sonó también contundente, no obstante,
el nuevo sencillo del grupo inglés, “Smoker outside the hospital
doors”. Una puesta en escena sobria y un cantante con un buen registro
vocal otorgaron solidez a un concierto notable y que movilizó a la audiencia
en las primeras filas.
En la carpa pequeña Sr. Chinarro demostró contar con un gran poder
de convocatoria. El nuevo disco de Antonio Luque, “El mundo según”,
ha sido aclamado por la critica independiente como uno de los mejores trabajos
del pasado año. Luque se muestra cada día más lejano de
ser un Nick Cave español barroco y oscuro. Sus dos últimos discos
contienen sólidos y concisos ejercicios de un pop luminoso con letras
costumbristas y de raíces andalusíes. Aunque la acústica –tónica
general de las carpas del festival- no le benefició, canciones como “Gitana” o “Angela”,
ambas de su último trabajo, tuvieron una gran acogida entre los presentes.
Otra artista confinada a una carpa fue PJ Harvey, que se paseó por el
Summercase sin el habitual envoltorio de su banda. La inglesa optó por
ello por un repertorio de corte más intimista que abarcó lo mejor
de sus discos. No obstante, Harvey demostró gran habilidad al combinar
momentos de tensión con otros de dulzura. Impresionante fue el arranque
de concierto con la pasional “Oh my lover”. Después vendrían
otros éxitos como la delicada “Angelene”, un tanto abotargada
por unas bases programadas, y la incendiaria “Stella O”, como muestra
perfecta del vigor de la Harvey como guitarrista. El concierto decayó por
momentos con las canciones de “White chalk”, el disco que la inglesa
editará en septiembre y que tiene como base al piano en la mayoría
de sus composiciones. Dichas canciones, bien acogidas por el público,
contaron con un handicap: el estruendo de Phoenix, que actuaban en el escenario
próximo, ensordeció la música de la inglesa, que llegó a
preguntar a su público si era oída en condiciones.
The flaming lips ofrecieron luces y sombras. Mucha parafernalia para un concierto mediocre en lo musical. El show de los americanos es
brillante en un sentido visual. Disfraces, confeti y hasta una pelota hinchable gigante con su cantante ubicado en el interior conforman su
particular e infantil universo visual. Tras un arranque inolvidable con la enérgica "Race for the prize", embellecida también por lo
extramusical, los norteamericanos encadenaron un concierto aburrido de interludios lisérgicos y poca, muy poca, chicha. Muchos fueron,
de hecho, los que se desplazaron a la carpa pequeña para bailar con el techno pop de Astrud, que ofrecieron un concierto ramplón
pero en el que dieron lo que se esperaba de ellos.
El plato fuerte del festival era, sin duda, Arcade fire. Tras un sorprendente
debut (“Funeral”) los canadienses se han aupado al podio del indie
rock con el épico “Neon bible”, disco rotundo, con menos aristas
que su predecesor y quizá algo indigesto para los alérgicos a la épica
desbocada. Los canadienses desplegaron un show cargado de excesos pero contundente,
matizado y efectivo. Soberbio fue el arranque con dos de sus mejores composiciones: “Keep
the car running” y “No cars go”. El grupo demostró una
excelente buena forma a pesar de que el sonido les jugó por instantes
una mala pasada. Acordeón, percusiones y coros angelicales envolvieron
un repertorio barroco pero a la vez fascinante por pegadizo y accesible. Contradiciendo
a las acusaciones de excesos sonó la nana “Neon bible” que
encierra su último trabajo y otras canciones rotundas como “Haiti” o “Neighborhood
#2: Laika”.
Tras ellos, Bloc party en el otro escenario principal. Los ingleses también presentaban disco y ofrecieron un concierto excelente, quizá el mejor de los vividos en el festival, en cuanto a ejecución y sonido. Sin embargo, el repertorio del grupo, anodino; provocó la indiferencia de muchos.
Quienes no dejaron indiferentes a nadie fueron los neoyorquinos Scissor sisters a base de una receta de pop petardo, voces engoladas, música de baile y, ante todo, tal como demostraron en su brillante directo, diversión; sentimiento muy apropiado para el cierre de un festival a altas horas de la madrugada. Canciones como “I dont feel like dancing” o “Take your mama out” provocaron que muchos de los asistentes abandonasen el recinto de Boadilla del Monte entre bailes.