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Summercase 2006 [15 Julio. Boadilla del Monte. Madrid]:
Diversión y sofisticación en la segunda jornada de Summercase
En su cierre en Madrid, el festival itinerante Summercase albergó un claro tono electrónico con las actuaciones de Daft punk, Fatboy slim y Massive attack. Las guitarras, más o menos intensas, las pusieron Belle & Sebastian o Super furry animals entre otros.
Jornada ésta mucho más divertida que la del viernes, aguada para muchos por la pésima actuación de New Order. Aún así, debido quizá al
cansancio acumulado del día anterior, los festivaleros tardaron en tomar el recinto de Viñas Viejas.
Tan sólo unos cuantos curiosos asistieron, a plena luz del día, a la actuación de Dirty pretty things, combo de los ex -The libertines a excepción del polémico Pete Doherty. Es ahora Carl Barat, antiguo guitarrista de esta banda, quien lleva el timón de un grupo que no deja de ser una fotocopia de su predecesor. Rock de garaje, con gotas de los Kinks y los Clash, que conforma las canciones de 'Waterloo to anywhere', debut del grupo. Ahora bien, la actuación, sucia y urgente -45 minutos-, como no podía ser de otra manera, gustó al público. Aún así fueron un tanto obvios, tanto en su música como en el despliegue de una bandera británica, parte del agotado imaginario punk.

Adam Green
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En el segundo escenario, Astrud obtuvieron un notable poder de convocatoria. Sus canciones sonaron igual de petardas que en sus discos. El dúo desplegó sus textos supuestamente irónicos e inteligentes (cuándo aprenderán que no son la versión castiza de Morrisey), como los de su single 'Todo nos parece una mierda'. En lo musical, un directo insustancial en el que incluyeron, de no tratarse de una versión, un peligroso plagio del 'Ziggy stardust' de David Bowie.
Adam Green fue una de las grandes sorpresas de Summercase. Un folkie desatado, un dandy de alma oscura con ademanes de simpático freak. El músico, perfecto lector del rock, blues y folk de los últimos 50 años, facturó una actuación de ritmo trepidante y sustentada en un armazón de buenas canciones, como la exquisita 'Jessica', 'Carolina' o su homenaje al músico jazz Nat King Cole en una soberbia canción de igual nombre. La nota de color vino de una revisión en castellano y en clave pornográfica de su éxito 'Dance with me'. Adam Green se vio perjudicado por el 'efecto Belle & Sebastian, pero los pocos que fueron fieles al músico americano vieron a un músico entregado y divertido, que llegó a subir a dos chicas del público para cantar con él una canción.
Belle & Sebastian han perdido el miedo al directo y, de hecho, son habituales en los festivales. En directo suenan igual de exquisitos que en el estudio. Ahora bien, todavía no son capaces de quitarse ese sambenito de sosos, que también les acompaña sobre las tablas. De nada sirvieron buenas canciones como 'Get me away I'm dying', del impecable 'If you are feeling sinister', o los devaneos glam del reciente 'The life pursuit'. Belle & Sebastian sonaron grises, como los cielos escoceses. Sin embargo, el público volvió a estar, una vez más, de su lado.
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En los festivales siempre hay grupos que sorprenden a las minorías que asisten a sus conciertos. Fue el caso de My latest novel. Los pocos que los prefirieron a Belle & Sebastian disfrutaron de un directo de ambientación onírica, gracias a un folk lánguido y orquestal, en perfecta comunión con el cobijo que ofrecía la carpa donde actuaron y una iluminación glacial. Atentos a su disco debut 'Wolves'.
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Los primeros grandes ganadores de la noche fueron Super furry animals. Los galeses son unos genios locos y su música un divertido cajón desastre. Venían presentado el reciente 'Love kraft', quizá su disco más convencional, adjetivo no aplicable a su marciano directo. Los 'animales super peludos', como se presentaron, son buenos músicos, tienen muy buenas canciones y, viéndoles en contacto con el público, parecen incluso muy buena gente. No les faltó el humor: su cantante salió a escena ataviado con un casco de Power ranger (homenaje o mofa velada a sus sucesores en el escenario, Daft punk) y comió patatas fritas mientras tocaba la guitarra. En su directo destacaron canciones como la lisérgica 'Zoom', 'Atomik lust' o The international language of screaming'. Elegantes con toques bizarros y auténticos outsiders fasciandos con la psicodelia, los momentos espaciales de Pink floyd, el folk más delicado y el punk más gamberro. Su particular universo musical se engrandeció, además, con proyecciones visuales en las que se mezclaban Lenin con Bush e imágenes de Madrid.
En el otro escenario The Cardigans arrancaban al ritmo setentero de 'Rise & shine'. Su pop elegante y altamente sofisticado encontró muchos adeptos. Buen directo el de los suecos, que incluyó parte de sus grandes éxitos -'Erase & rewind', 'Love fool'...- pero también temas prescindibles. Destacaron por huir de la imagen fría que muchos podrían atribuirles y se hicieron rogar hasta desgranar, en los bises, su coreada 'My favourite game'.
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Super furry animals |
A Summercase le quedaban dos platos de toque electrónico: Daft punk y Massive attack. El dúo francés fue capaz de congregar a una gran multitud con su robótica electrónica de beats machacones. Sin embargo, Massive attack destacaron por su elegancia y sutileza sobre el escenario, firmando el concierto de mayor calado emocional del festival. Con un setlist centrando en el histórico 'Mezzanine', los ingleses transmitieron sensaciones con guante blanco gracias a piezas como la explosiva 'Angel', la nana futurista de 'Teardrop', 'Karma coma' o 'Man next door'; canciones que, como música ambiental, rejuvenecieron a los presentes. Después de los ingleses, la fiesta continuó con la explosiva sesión del pinchadiscos Fatboy slim.

The cardigans |

Daft punk |
Texto: Miguel Martínez de la Cruz
Reportaje fotográfico: Miguel Martínez de la Cruz, Miguel Martínez Madrid y Elisa García McCausland
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