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Keith Caputo - Perfect little monsters (Francisco Morente Pacheco):
[Kill the artist recordings, 2002]
Caputo siempre ha sido un artista especial, ya desde sus inicios
con los extraordinarios Life of Agony dejó buena muestra
de ello. Una voz capaz de despertar los mas profundos sentimientos
y unas letras que ha más de uno habrán calado hondo.
Después de tres extraordinarios discos con sus "hermanos",
Joey Z y Alan Robert, se lanzó en solitario con el genial
'Died Laughing' y su posterior revisión 'Died Laughing Pure',
demostrando a propios y extraños que había aún
mucho Caputo por descubrir. Pero casi ningún artista se libra
de algún traspié en su carrera, y el pequeño
gran hombre no es una excepción, ya que Perfect Little Monsters
es el ejemplo palpable de ello.
El disco se compone de ocho cortes, comienza prometedor con 'Charade',
una canción que Caputo llevaba en la cabeza hace mucho tiempo,
con 'Solar Plexus' y le sigue 'Got Monsters'. Tres canciones que
claramente demuestran el cambio de rumbo de su música hacia
canciones más lentas y con abundancia de voces sintetizadas,
donde la batería se adueña del ritmo de las canciones
y acompañándola tímidos arreglos de guitarra.
A partir de 'Got Monsters', encontramos 'Liver Rock Star' (con un
estribillo ciertamente bizarro pero a la vez pegadizo) y poco más
reseñable, ya que después de la cuarta canción
el disco se hace aburrido hasta extremos preocupantes, ya que las
cuatro siguientes canciones son la panacea perfecta para entonar
los mas profundos sueños.
'Perfect Little Monsters' muestra a un Caputo en constante evolución,
fascinado por el mundo hindú, en busca de su propio sonido
y sin miedo a la experimentación pero corre el peligro que
su nuevo cambio musical no le interese ni al más acérrimo
fan suyo. Algún fan suyo ya se desilusionó con el
giro que experimentó en 'Soul Searching Sun' y 'Died Laughing',
y con este quizás mate alguno de susto pero es encomiable
al menos el riesgo de este disco a la vez que reconocer que sus
cuatro primeros cortes son salvables de la quema y que las letras
siguen siendo de made in Caputo, sinónimo
de sensibilidad extraterrestre. Aún así pequeño
tirón de orejas a Keith y a la espera de alguna nueva maravilla
ya sea en solitario o con los resurgidos Life of Agony.
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