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Sigur rós - ( ) (Miguel Martínez de la Cruz):
Sigur rós están alejados de cualquier tipo de lógica, aquella tramposa característica que a veces hace ceñirse a los músicos a unos patrones preestablecidos. Extraños, al igual que su nórdico origen, Islandia, no parece importarles las posibles consecuencias derivadas de fabricar una propuesta arriesgada como pocas. Tras el enigmático título de ( ) los islandeses presentan un lángido disco de ocho canciones sin título, larga duración y extrañas estructuras. Ocho cortes lentos, densos como gotas de aceite en agua y altamente emotivos a raiz de una sorprendente sencillez y minimalismo. Es mas que comprensible que a muchos les parezcan salmódicos y soporíferos, y no me refiero con ello a personas con escaso criterio musical u oidos preconfigurados a propuestas unicamente comerciales, de esas de usar y tirar. Acepto perfectamente que los islandeses despierten tanto admiración como aversión, pero sí que es verdad que si escuchamos su nuevo disco nos alejemos de aquella fácil idea de preconcebir a la banda como pretenciosa. Algo muy propicio si consideramos que cantan en un idioma inventado por ellos mismos (el Hopelandish), que sus canciones no tienen letras (quieren que los fans las inventen por ellos) y que hacen una música difícil de clasificar. Personalmente me parece absurdo tildar su obra con ese adjetivo, ya que precisamente se basan en la belleza de lo simple, sin mas, sin textos retóricos o cualquier tipo de ornamentaciones. Sigur rós son genuinos e indudablemente bellos sin resultar cargantes y ( ) es, a mi juicio, una de las obras con mayor sensibilidad de los últimos años además de todo un alarde de originalidad y creatividad.
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