Josh Rouse [24 noviembre 2007,
Joy Eslava, Madrid]
LA CARA AMABLE DEL POP
Josh Rouse conoce a fondo de que va eso del pop. En su haber, cuenta con un puñado de buenos discos que muestran homenajes con título confesional a una época (“1972”) o a un sonido (“Nashville”).
"My love has gone" / Fuente: YouTube / Rubén Garrido
Lo de Josh Rouse son las buenas canciones, simple y llanamente. Tiene
más de reinventor que de inventor, y en ello demuestra elegancia, gusto al picar
de varios estilos y excelente mano con las melodías. Su último trabajo, “Country
Mouse, Country House”, con el que venía a Madrid, es un claro ejemplo de ello.
Un disco reposado, cercano, en ocasiones, al ahora llamado sonido americana y
con pinceladas jazzisticas. Atrás quedan los paisajes cálidos de influencia
mediterránea de su anterior obra, “Subtitulo”.
Rouse apostó, sin embargo, por un repertorio más movido para su concierto de la Joy Eslava, una sala, por cierto, poco preparada para acoger conciertos. Comenzó la actuación de la mano de “Saturday”, del melancólico “Nashville”, para continuar con “God, please let me go back”, de su último disco. Tras dos momentos pausados, el músico llamó al baile con la disco y setentera “Giving it up” y con la marchosa “Hollywood bass player”, que parece sacada del repertorio de Wilco. A partir de entonces, Rouse y su banda encarrilaron un recital heterogéneo. Hubo más momentos para mover los pies, con la muy aplaudida “Comeback” y “His majesty rides”, otros para el pop/folk de “Carolina”, apuntes de blues en “Pilgrim” y, los menos, instantes melancólicos de “My love is gone” o “Quiet town”, esa composición de clara herencia de Simon & Garfunkel, oda a la temporada vital apacible del artista en la localidad de Altea. Ya en los bises, Rouse entonó en solitario “Winter in Hamptons” y después, junto a su banda, “It’s the nightime” y la emotiva “Sad eyes”, una canción cuyo título debería escribirse en letra mayúscula.
Aunque para algunos pueda parecer convencional y melifluo, Rouse tiene a su favor la habilidad para hacer canciones elegantes y agradables sin caer en la banalidad, una voz cálida que transmite optimismo y una gran facilidad para enhebrar melodías con pegada.
Josh Rouse es cara amable del pop, entiéndase esto –por favor- en todas sus acepciones positivas, que son muchas.