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Cinco hombres de riguroso negro salen a escena en
la sala Siroco. Público variopinto: curiosos, gente que pulula por
el bar siguiendo la amable rutina de salir entre semana por Madrid
y un puñado de acérrimos de una banda sueca aún casi desconocida
en nuestro país. Logh se cuelgan los instrumentos y se disponen
a dar buena cuenta de su nuevo y tercer trabajo, 'A sunset panorama'.
Logran sacar un sonido estupendo y a los pocos temas han conectado
con el público. Es entonces, tras tocar unas cuantas piezas nuevas,
cuando se deciden por abarcar viejos temas.
Con 'Yellow lights mean slow down, not speed up', su mejor composición
hasta la fecha y de su disco debut 'Every time…', facturan un genial
ejercicio de ruidismo controlado y provocan la emoción colectiva
de la sala. Es además una canción que define como anillo al dedo
la música de los suecos: postcore de toques melancólicos,
subidas y bajadas cuajadas sobre electricidad y cierto laconismo
vocal. 'The contractor and the assasin' es otra de las piezas que
ganan en la transformación al directo. Brillantes en ejecución son
también 'Note on bathroom mirror' y 'An alliance of hearts'. De
golpe se descuelgan del mimetismo estudio-directo con una revisión
acústica de 'The bones of generation' y se desvelan también como
seres capaces de sorprender con casi silencios.
Parece que la actuación termina, pero el público de Siroco
se niega a admitirlo. De nuevo sobre las tablas, tocan dos bises
y se retiran dejando al público en caliente pero anímicamente frío.
Han conseguido calar dentro. En una noche mágica más esperamos volver
a verles. |