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Fría noche en Madrid para recibir a los suecos Last days
of April. Una vez más -tocaron por aquí hace un par de meses- la
cita era en Siroco, sala que por fortuna acostumbra a traer buenas
bandas nacionales y de fuera para los madrileños entre semana. El
cuarteto capitaneado por Karl Lasson venía a presentar su reciente
"Ascend to the stars" (2004), disco que confirma la nueva trayectoria
de los suecos, cada vez más volcados en el llamado sonido emo
en su vertiente más melódica y, valga la redundancia, emotiva. El
repertorio desplegado sobre Siroco tuvo muchas luces, pero también
muchas sombras. Last days of April tienen dos caras: en una se ensañan
con el pop más efervescente y directo y en la otra se centran en
momentos más sutiles a base de mediostiempos.
En su primera faceta a veces suenan frescos,
pero otras muchas son excesivamente ñoños y edulcorados. En la segunda
a veces logran emocionar, sin embargo la mayoría de veces suenan
fríos y aburren. Y ahí está el problema del grupo; a pesar de tener
un buen directo y de que Lasson sea un vocalista bastante válido
no llegan a cuajar. En Siroco, a pesar de trallazos como "It's on
everything", que abre su nueva obra, se centraron en exceso en pretender
ser un grupo sutil y refinado, cualidad que realmente está reservada
para muy pocos. Medios tiempos gélidos para un concierto que a muchos
únicamente generó indiferencia.
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