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Ben Harper and The Innocent Criminals [31 Octubre 2003, La Riviera, Madrid]

Imagina que eres libre después de años de represión. Dibuja en tu mente la sensación que provoca tener en tus manos un billete de ida con la vuelta por confirmar y frente a tí un camino por recorrer. Piensa en el dolor y en la alegría, en la fuerza y en la pasión, en los puntos suspensivos que promete un amor imposible. Verás un fuego a lo lejos, en la oscuridad, lo sentirás en tu interior, en lo más profundo, se convertirá en música y tendrá un nombre: Ben Harper.

Aforo completo en La Riviera asegurado por la promoción y el éxito del último disco del californiano, "Diamonds On The Inside". Gente de todo tipo, desde fervientes groupies preparadas para gritar en inglés hasta chavales con cierto aire intelectual alternativo propensos a mirar al resto de los mortales con superioridad, variedad sólo apta para tolerantes. Nervios apretados a los pies del escenario, pocos grados de alcohol esperando cola y divertidas espirales de humo de todos los colores, olores y efectos por toda la sala. En el pase, anunciado para las ocho, un artista invitado sin nombre que nunca aparecería. Harper y los suyos hicieron acto de presencia. Desde 1995, año de la grabación de su segundo disco, "Fight For Your Mind", Ben Harper ha recorrido el mundo entero tocando con su banda, "The Innocent Criminals", formada por Juan Nelson al bajo, Leon Mobley a la percusión y Oliver Charles a la batería. Durante toda su trayectoria musical, el afroamericano ha seguido un ritual en cada concierto: se sentaba en su butaca en lo alto de una plataforma en el centro del escenario y desde allí dirigía a su banda. El pasado 31 de Octubre se rompieron las costumbres: Harper tocó de pie casi todo el concierto junto a cinco músicos de altura, sus tres de siempre mas un guitarrista, Marc Ford, y un organista, Jason Yates.

Sentado en su silla, con su guitarra lap slide sobre las piernas, el príncipe de las raíces abrió el repertorio y algunas de las bocas de los allí presentes con "Temporary remedy". Calidez, cercanía, imaginación, un derroche de energía en cada nota, en cada acorde, en cada frase. Temas como "Excuse me Mr" o "Please me like you want to" brillaron por la capacidad de improvisación de Harper y por el nuevo sentido con el que se ejecutaron. La guitarra de Ben pasó de ser incendiaria en "Ground on down" a dibujarse delicada en "When she believes", mientras su voz escribía poesía sonora desgarrada y tierna alcanzando el cielo de la perfección. El orondo bajista, Juan Nelson, maestro de la técnica del slap y humorista y bailarín jubilado, se hizo destacar con un decidido y virtuosos solo que se marcó en "Steal my kisses", doblando las notas de su instrumento con su peculiar registro vocal. Con un enorme djembe, paseando su locura transitoria por el borde del escenario, Leon Mobley arrancó al público aplausos atronadores en "Burn one down", una proclama reegae por la normalización de la marihuana como forma de libertad, cuyo estribillo reza: "If you don't like my fire, please don't come around, cause i'm gonna burn one down". La batería fue una fortaleza defendida por Oliver Charles con descargas de ritmo y precisión. El organista, Jason Yates, nos descubrió que hay algo más detrás de unos teclados: armonía y originalidad. La guitarra de Marc Ford, un singular personaje con sombrero tejano y Strato entre las manos, firmó la mayor parte de los solos con un espíritu blusero mas que correcto, elegante. Sorprendente fue la versión de "Crazy love", que nada tuvo que envidiar a la conocida canción de Van Morrison, incluida en Moondance, uno de los mejores discos del León de Belfast. Con un Ben Harper parco en palabras entre tema y tema pero sincero y generoso con su música, nuestros cuerpos y almas fueron uniéndose con dulzura hasta que se convirtieron en lo mismo al escuchar "Amen Omen", la canción más destacada de "Diamonds on the inside" y la más emocionante de la noche.

Tras gritos y silbidos varios y el tradicional "¡Benito, Benito!" coreado por la masa, Ben Harper volvió a escena acompañado de su guitarra acústica. Un único foco iluminaba al genio, el ambiente exigía silencio. Acariciando las cuerdas con los dedos y las palabras con la voz, Ben dibujó para nuestros oídos melodías tan sublimes como "Waiting on an angel", "another lonely day" o "I shall not walk alone". Recuerdos, escalofríos, sueños, soledad, un amor imposible, un futuro improbable, imágenes sugeridas por "Walk away", una invitación para nuestras lágrimas a viajar a través de un rostro emocionado hacia las comisuras de los labios o hacia algún lugar desconocido, dejando ese sabor agridulce de la melancolía grabado para siempre en el corazón.

Y como los finales felices no son buenos para las historias inolvidables, la última parte del concierto se antojo ínfima. Ben Harper and The Innocent Criminals escribieron "continuará" con "With my own two hands", un largo y fluido reegae fusionado con "War", de Bob Marley. Faltaron grandes clásicos, las casi dos horas de duración no fueron suficientes: nos quedamos hambrientos de Ben Harper. Apoteósico pero fugaz.

Vuelve a imaginar que tu tiempo es el de la libertad, elige un camino sin pensarlo, déjate atrapar por la locura del amor. Escucha ese grito que viene de la lejanía, sentirás el calor de una hoguera, su luz te acompañará siempre, su música la recordarás el resto de tus días, su magia la compondrán nueve letras: Ben Harper.

Escrito por Adriano Galante / Fotos: www.benharper.com