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Fito y los fitipaldis [21 Diciembre 2002, Aqualung, Madrid]

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Acudí a este segundo concierto en lo que iba de año de Fito Cabrales y "sus" Fitipaldis con grandes expectativas, y el sabor de boca que me quedó al finalizar este fue agridulce. Creo que hay motivos para afirmar esta sensación, ya que el concierto prometía: una buena banda, un líder carismático, y lo mejor de todo, esta actuación suponía el fin de gira del grupo, cosa que repercutió en el precio de la entrada, pero no en la actuación en sí, ya que esta transcurrió sin colaboraciones externas y con la banda reducida al formato escaso de cuarteto de rock más un saxo.

De principio a fin Fito Cabrales fue interpretando uno a uno los temas de su segundo disco, "Los sueños locos", a los que se sumaron temas del primer disco(no podía faltar "Rojitas las orejas") mas alguno que otro de Platero y Tu. La noche avanzaba y yo cada vez echaba más en falta alguna sorpresa: ¿vendrá Robe? ¿o quizás sea Rosendo?...fueron algunas de las preguntas que me planteaba al principio que finalmente se respondieron negativamente; únicamente a destacar la aportación guitarrera de Iñaki "Uoho" en el tema de despedida, que si bien no quiero decir que me pareciera mal(sino todo lo contrario) no era eso lo que yo esperaba. Sin embargo, el público no parecía darse cuenta de estos hechos, o mejor dicho, tampoco les debió importar mucho, solo se dedicaron a disfrutar con las canciones interpretadas, donde destacaron por encima de todo el virtuosismo de Fito y Batiz con las guitarras.

De la voz de Fito poco se puede decir, ya que aunque él cantaba apenas se le oía, no por alguna deficiencia del equipo de sonido, que va, si no por la numerosa audiencia, que se sabía prácticamente todos los temas de principio a fin, y así lo demostraron. La actuación llegó a las dos horas de duración lo que por lo menos me consoló en parte, pero según avanzo en esta crónica tengo la sensación que "Fito y Fitipaldis" esta vez me decepcionaron más de lo que me agradaron. Espero resarcirme la próxima vez.

Texto y fotos: Roberto Marbán