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Editors + Gliss [8 febrero 2006, Sala Caracol, Madrid]

La banda de Birmingham Editors, acompañados de los californianos Gliss, aterrizó el pasado miércoles 8 de febrero en una abarrotada sala Caracol, ofreciendo una actuación correcta a un público totalmente entregado que había agotado todas las localidades, a pesar del cambio de sala, ya que el concierto fue programado inicialmente en el Moby Dick, y de que una de las bandas que iba a telonear a la formación británica finalmente no tocara.

La gran sorpresa de la noche, contra todo pronóstico, no fue la banda de Tom Smith, sino el telón, los americanos Gliss. Totalmente desconocidos en nuestro país y embarcados en una gira europea con una escasa discografía a sus espaldas, compuesta de una maqueta y dos singles, y más ilusión que infraestructura, ya que por lo visto el compartir escenario con Editors fue exclusivamente fruto del azar, el trío ofreció un espectáculo intenso y calculado, un ejercicio de estilo que reveló una banda madura, inteligente y elegante sobre el escenario, influenciada a partes iguales por estilos tan dispares como el post rock, el noise, el post punk o el lo-fi. Como muestra valga el directo denso y eléctrico que ofrecieron, distanciado del toque electro de sus grabaciones, y el intercambio de instrumentos entre todos los miembros del trío en cada canción.

El público, que acogió a Gliss con una corrección excesivamente fría y distante, estalló en vítores cuando Editors, las "verdaderas"estrellas de la noche, irrumpieron en el escenario y fueron tocando casi por orden los temas de su primer trabajo, The Black Room. Aunque "Ligths" fue un buen arranque, lo de la actuación sucedió cuando la banda tocó "Camera" ante un público hipnotizado que miraba absorto como Tom Smith arrancaba arrodillado sobre las tablas sinuosas melodías a un pequeño teclado creando, con todo lo que el momento pudiera tener de calculado y de teatral, un contrapunto respecto a otros temas más animados, en los que el vocalista quizá abusaba de su pasmosa facilidad para imitar a Ian Curtis, el fallecido vocalista de Joy Division, banda de la que heredan sonido y pose a partes iguales.

Otros temas de la banda como "Bullets" o "Weigth", fueron ejecutados con corrección y calculada puesta en escena, y vitoreados por un público que se dejaba las manos y la garganta dando palmas y cantando los estribillos. "Munich", la canción que quizá recoja más fielmente las influencias post punk que les han hecho famosos, fue otro de los momentos más brillantes de la noche. "Fingers in the factories" fue un acertado y épico final para una noche "casi" redonda, y digo casi porque el sonido de la sala no le hizo justicia a ninguno de los dos grupos, y porque Editors se limitaron a cumplir, ejecutando las canciones una detrás de otra y exactamente igual que en el disco, sin ofrecer un toque de distinción sobre el escenario.

Con todo, la puesta en escena y el trabajo de los británicos fue lo suficientemente profesional como para que se merezcan los 15 minutos de fama a los que todos tenemos derecho. Quizá no hagan nada nuevo ni distinto, pero donde les falta la originalidad les sobra el bagaje cultural, la destreza instrumental y una vitalidad casi histérica en directo, más propia de una banda de estadio que de un grupo de jóvenes atormentados, hijos bastardos y aventajados del sonido Manchester de finales de los 70.

Texto y fotos: Miguel Martínez Madrid
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