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Bob Dylan [28 junio 2008, Músicos en la Naturaleza, Hoyos del Espino]

Bob Dylan se ahoga en el circo de Gredos

Bob Dylan - Positively 4th Street

Lo que diferencia al festival "Músicos en la naturaleza" de otros tantos de su especie es el entorno de la Sierra de Gredos, que hace posible una experiencia musical y campestre más allá de las densas polvaredas y recintos artificiales de otros macroconciertos. No es una idea nueva, en su día fue explotada por el ya extinto Dr. Music Festival de los Pirineos, y el propio festival de Gredos ha cumplido con esta edición tres años de vida con una trayectoria de público ascendente. Ahora bien, este localismo puede significar una peligrosa arma de doble filo, tal como se ha demostrado en la recién cerrada edición del festival “Músicos en la naturaleza”; positiva, por agradable; y negativa, por apreciarse algunas carencias organizativas.

Por ejemplo, aunque al parecer por petición propia, a Bob Dylan le toco poner la mesa para Amaral y lo cierto es que en su plato hubo mucho contorno verde y más bien poca chicha. Sonaba lógico que el de Duluth (Minnesota) contase con una puesta en escena sobria. Dylan no es precisamente amante de las luminotecnias, la sencillez impera en la puesta en escena de su última gira y, además, el entorno de la Sierra de Gredos, con circos glaciares y prados verdes, así como el propio nombre del festival –Músicos en la naturaleza- llamaban a prescindir de cualquier artificio.

El problema vino en la ubicación del escenario y en que la sonorización de Dylan fue pésima. El escenario, en la cima de una pronunciada pendiente, hizo que para una persona que midiese menos de 1,80 ver el concierto fuese algo casi imposible. Faltó volumen, tanto, que si el asistente se encontraba a más de diez filas del escenario, aquello parecía un hilo musical más que un concierto. Tampoco ayudó gran parte del público; que se dedicó a hablar durante el concierto; toda una falta de respeto hacia los demás y hacia el artista, sea Bob Dylan o un grupo que publica su primer disco.

Dylan se mantuvo fiel a su costumbre de alterar en el directo sus clásicos –algo que a veces es una gran virtud y otras un gran defecto-, sonaron, sin embargo; reconocibles "Blowing in the wind" y el bis de "Like a rolling stone", sencillamente descomunal. En la otra cara de la moneda, una acertada revisión en clave distinta de "Highway 61 revisited". Dylan ganó, y mucho, cuando dio más protagonismo a su banda: sonó más cercano al rock, al jazz y al blues y logró el contoneo de caderas del público. En otros momentos, sin embargo, el en su día iconoclasta del folk y buceador después de los sonidos eléctricos, resultó demasiado frío y logro transmitir poco, quizá porque muchos de los presentes no alcanzaban, siquiera, a oir su voz bronca que con el paso de la actuación fue aclarando. Fuese como fuese, Dylan no logró calentar el circo de Gredos hasta los últimos compases de la actuación.

Con Amaral llegó sin embargo el despliegue de luces y pantallas y el escenario se convirtió, tras casi una hora de retraso sobre lo previsto, en una discoteca móvil de verano. Las cerca de 11000 personas presentes, según la organización, se animaron con sólo las primeras notas del nuevo sencillo del grupo, "Kamikaze". Los maños siguen con ese empeño de demostrar que tienen pedigrí musical y abrieron su show -no puede definirse de otra manera- con el "All tomorrow parties" de la Velvet en los altavoces. En concierto, luego, estuvieron como siempre; tan tópicos y carentes de interés como pegadizos.

Por M.M.C.