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Aviador dro [28 noviembre 2006, Low club, Madrid]

El veterano grupo tecno Aviador Dro y sus obreros especializados dieron rienda suelta a su particular sentido de la electrónica y del espectáculo. En la madrileña sala Low, demostraron estar en buena forma tras treinta años de existencia.



Y es que, si bien han ganado destreza técnica con los años, no han perdido ni un ápice del carisma y del particular sentido estético que les han caracterizado desde sus primeros días de existencia. El grupo se prodigó ante una sala abarrotada de jóvenes y no tan jóvenes que coreaban a grito pelado los estribillos y las proclamas de corte futurista de los clásicos del grupo.

Uno detrás de otro sonaron míticos temas como 'Vivir para morir', 'Néstor el cyborg', 'La televisión es nutritiva', 'Vortex', 'Selector de frecuencias', 'Brigada de demolición' o 'Programa en espiral', dejando claro que, más que un concierto de presentación de su último largo, 'Confía en tus máquinas,' aquello era una celebración por todo lo alto, festejando una carrera musical larga y sólida como pocas, respaldada por una veintena de largos, entre los que se incluyen varios recopilatorios, y la astronómica cifra de 33 sencillos. No pudo faltar, por supuesto, 'Nuclear sí', tema que ha sido bandera del grupo desde sus primeros años, como tampoco faltaron la estética futurista, las performances improvisadas, y toda una exhibición, pese a los adelantos de la informática, de artilugios analógicos, quedando el portátil, en estos tiempos de la música laptop y de los loops, relegado un segundo plano de apoyo al percusionista.

Fue una sorpresa que el grupo llevara a su terreno 'Anarchy in the UK' de los Sex Pistols, realizando una versión tan reconocible como psicotrónica. También sorprendieron los dos bises, 'Aracne' y 'Godzilla', en los que Servando Carballar mantuvo, a pesar de los años, el mismo tono que en el resto del concierto. Y es que en verdad parecía que el profeta y visionario de la electrónica española era realmente un cyborg animado por una pila atómica, capaz de proezas imposibles. No es descabellado pensar esto después de verle moverse durante casi dos horas a un ritmo frenético sobre el escenario, cubierto de sudor, sin bajar el ritmo por un momento y sin jadear, como si el pelo casi por completo blanco y las arrugas que surcaban su rostro fuesen solo una fachada exterior que envolviera una maquinaria perfecta y precisa, hecha para durar durante toda la eternidad.

Texto y fotos: Miguel Martínez Madrid
[Este texto y sus fotos se encuentran publicados bajo licencia copyleft]