MARTHA REEVES 29.07.10 GIJÓN
La crisis parece serle ajena a uno de los festivales más retros y sixties del verano. Cada año crece el número de scooters, de patrones de vestidos cuadriculados y de flequillos en Gijón, ciudad de provincias con envidiable vida cultural, según se acerca el final de julio. El Euroyeye celebra una nueva cita ajeno a las nuevas tendencias y al descalabro general. Tanto es así, que cuenta con Martha Reeves, una de las grandes leyenda del sello Motown, en letra bien grande y en la cabeza de su cartel.
Aunque los años pasen por todos, y en medida, cómo no, también por ella, qué gran señora: marcha y movimiento sobre el escenario, una voz enérgica influida por el gospel y que envuelve algunas de las mejores composiciones soul paridas en Detroit.
Sin las Vandellas, y junto a un elenco variado de músicos asturianos –finalmente los gerundenses Pepper dots, banda de soul revival, no pudieron acompañarla-, Martha Reeves se comió la coqueta Plaza Mayor de Gijón, asomando a la gente a las ventanas, y contagiando el ritmo a curiosos y a otros tantos devotos. Aclamadísimas resultaron “Dancing in the street”, o el que resultó ser su segundo éxito, “Come and get these memories”, allá por el ya lejano 1963. Otros pasos por la hemeroteca musical incluyeron el rescate de “(Love is like a) heat wave” y los también clásicos “Nowhere to run” o “I’m ready for love”, junto a baladas como “Love (makes me do foolish things)”.
Reeves ha debido pactar con algún diablillo: la edad no afecta todo lo que realmente podría esperarse a su voz, su figura redonda se mueve con envidiable soltura entre sus músicos y, sobre todo, su amor por el soul -qué gusto, que alguien frisando los setenta conserve esa pasión por algo- le hace desgastarse al máximo sobre el escenario.
Pese a la acústica de un recinto abierto y pese a contar con una banda de acompañamiento prácticamente improvisada y de un nivel digno sin más, Reeves encandiló a los presentes, que pedían más, hasta el punto de que los organizadores salieron al escenario para decir que la diva, cuya oronda figura ya brillaba entre los cuerpos celestes del horizonte gijonés, estaba tan agotada que no podía seguir actuando. Ya quedó dicho, mensaje al cielo: más Martha y por muchos años, por favor.
Por Mon


