VETUSTA MORLA 03.07.08 GALILEO GALILEI. MADRID
Buena es la iniciativa propia cuando no abundan los apoyos. Ante una industria musical anquilosada y unos medios de comunicación que ceden su parcela cultural a las grandes industrias, cada vez son más los que se empeñan en hacerse oír y para ello recurren a altavoces alternativos. De un lado está Internet, rey de reyes de las nuevas herramientas de difusión de masas; y de otro, las iniciativas culturales de escasa financiación y arriesgada rentabilidad
El Ou yeah! Festival, por ejemplo, cumple tres años ofreciendo música independiente a los madrileños. Una iniciativa enmarcada dentro de la autogestión, valiente y distinta. El festival crece con los años y siempre dentro de su modestia. Por primera vez en su corta vida, tuvo la fuerza suficiente para ofrecer cartel durante dos noches.
Desde Granada venía Zahara eléctrica, una joven cantautora que en esta ocasión se presentó con banda de acompañamiento. Su actuación tuvo algo de trampa y de cartón. Tramposa, por la suma de emociones impostadas, fuera de lugar; y acartonado parte de su repertorio, aunque ganase enteros al añadir una segunda guitarra y en canciones como “Photofinish” o la agradable “Olor a mandarinas”.
Pájaro sunrise fueron los segundos en subir al escenario y sobre él hicieron flotar su pop folk casi desnudo, suave y delicado. Los dos chicos que forman el grupo han crecido entre discos de Cat Stevens, Neil Young y John Denver. Sonido americana desde León, folk embriagador nacido de la tierra. Pajaro Sunrise son amables pero no empalagosos y tiernos sin ser ñoños, porque huyen de los excesos y sólo buscan componer canciones bonitas. Tocaron parte de su primer y homónimo disco, algo de lo que será su inminente segunda entrega; subieron la temperatura tirando de amplis en “Bird Queen” y tuvieron incluso tiempo para una versión de Ryan Adams, -“Oh, my sweet Carolina”, de “Heartbreaker”- junto a la cantante de Amigos Imaginarios.
Aún así el plato fuerte de la noche era Vetusta Morla. El grupo madrileño vive un momento dulce. Primero, porque acaba de publicar su primer disco “Un día en el mundo” y segundo, porque lo está defendiendo con gran éxito por muchas salas y festivales españoles y ante una parroquia que no para de crecer. Para muchos, son el grupo revelación del indie nacional. Desde luego, lo que sí tienen es un repertorio sólido y un gran directo.
Se les perdona que “Autocrítica”, con la que empezaron su actuación, parezca sacada de uno de los últimos discos de Radiohead. La sombra de Tom Yorke es alargada en Vetusta Morla, pero se nota por igual la tozudez del grupo a la hora de buscar una piel propia. Más orgánicos y accesibles que los de Oxford, los madrileños tocaron su single “Un día en el mundo”, una composición impecable, vigorosa y cristalina; y canciones de su debut como “Rey sol”, “Sálvese quien pueda” o “Copenhague”. En directo ganan, a pesar de que sufriesen problemas de sonido. Menos pulcros que en estudio, sacan pecho en los desarrollos instrumentales, donde demuestran sus tablas y valía instrumental.
Los madrileños demostraron que son un grupo a tener en cuenta y coronaron su actuación con una canción con visos de himno, “Saharabbey road”, y para la que subieron al escenario a miembros de los otros grupos participantes en el festival. Era el final coral de una velada dedicada a la música con varios rostros, una sola voz y diferentes mensajes con un punto en común: el ofrecer algo distinto. Ou yeah!
La programación del festival se completó con una segunda jornada en la que actuaron Smile, Havalina y Amigos imaginarios.
Por Miguel Martínez | Fotos: Nerea Layna



