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THE RAVEONETTES: SEXO Y AMOR EN SI BEMOL MAYOR

Eran ya las siete de la tarde cuando nos chocamos con una interminable cola de gente, hacinados todos en la laberíntica entrada al Primavera Sound 2004, mientras que en el escenario Nitsa, el principal del recinto, comenzaban a rockear uno de los muchos grupos que habían hecho que un servidor decidiera desembolsar nada menos que 80 eurazos, decisión nada fácil teniendo en cuenta por un lado, que nos encontrábamos en pleno calentamiento para los exámenes de junio, y por otro la más que atractiva alternativa del Festimad a un paso de casa.

De cómo conseguimos no perdernos más de 5 minutos de la réplica más exacta fabricada hasta el momento de Jesus and Mary Chain mejor no hablar ya que esta página, según dicen por ahí, no es un lugar destinado a hacer apología sobre tácticas sucias y rastreras a la entrada de festivales, sino más bien de culto y difusión de lo que unos cuantos pensamos que es el mejor rock que se hace por aquí y por allí.

raveo2Pues sí, justamente eso es lo que pretendo con estas palabrillas, puesto que es indudable que The Raveonettes ocupan ya, con solamente dos lanzamientos y un tercero de inminente publicación, un lugar de excepción en esto del “panorama musical” del indiemomento. Pongámonos serios que ya va siendo hora: se trata de un dúo heterosexual de daneses formado por Sune Rose Wagner y la Nico II, Sharin Foo, que se dedica a hacer una especie de homenaje o tributo a los grandes momentos de música desde la mitad del siglo pasado hasta nuestros días.

Esos grandes momentos de música están seleccionados y combinados con un gusto y un conocimiento de causa tremendamente refinados y acertados. Es cierto que las influencias están bastante marcadas, de hecho no se preocupan lo más mínimo en ocultarlas o disfrazarlas y uno puede apreciarlas sin dificultad, pero esta selección de influencias en su conjunto nos trae como resultado una especie de garaje dulcificado que para muchos ya supone algo así como un “nuevo sonido de rock and roll para todos”. Buddy Holly, Everly Brothers, The Runaways, la Velvet, The Cramps, Beach Boys, Sonic Youth o Jesus and Mary Chain son parte activa de los Raveonettes, en especial los últimos, fuente directa incluso de inspiración armónica y lírica.

Con su primer largo, “Whip it on”, anunciaron ya que no sólo Suecia nutre al norte de Europa de rico rock and roll, llevándose a la vitrina el galardón equivalente al Grammy danés como mejor disco de rock del año. Sonido oscuro, lleno de disonancias, cortante, muy ruidoso y violento, enriquecido por la original idea de grabar todos los cortes en un mismo tono, si bemol, menor eso sí, y completado por unas letras afiladas, peligrosas y atrevidas.

Los coros gozan de un notorio protagonismo, anticipando lo que en “Chain Gang of Love”, su segundo larga duración, iba a ser su principal recurso. Una tenebrosa y agitada antesala a un segundo disco que desde hoy mismo los psiquiatras podrían cambiar por tanto sedante y tantas historias para sus económicamente escocidos pacientes. “Chain Gang of Love” es un disco vitalista, cargado de watios de buena onda, muy eléctrico, bonito, movido, bien producido (grabaron con Richard Gottehrer, productor de grupos como Blondie, The Go-Go’s, Richard Hell & the Voidoids) y bien estructurado, en el que alternan con criterio cortes muy rítmicos como “Heartbreak stroll” o “The great love sound” con mediostiempos cantábiles y hermosos como “Love can destroy everything” o “Little animal”, ¿el secreto?…Grabarlo entero en un mismo tono, si bemol al igual que “Whip it on”, pero esta vez mayor.

De hecho, para aquellos que no lograron comprender de pequeñitos la diferencia entre tonos mayores y menores en clase de música, la escucha de uno y otro disco les vendrá al dedillo. Pocos axiomas musicales más cambian con respecto al primer disco, y ahí está el resultado, la prueba (extensible a todo campo de conocimiento científico) de que cambiando de forma aislada pero rigurosa algo verdaderamente básico trae como resultado un cambio general, o lo que es lo mismo, hacer lo mínimo para conseguir lo máximo es una ley que siempre trae consigo resultados positivos.

La idea general del disco es hacer canciones (en el sentido más completo de la palabra) inspiradas directamente en la música de los años 50 para batirlas con el sonido del garaje más rockabilly, al puro estilo Cramps, y arropar todo ello de unas majestuosas cascadas sonoras que envuelven la canción en un halo de ruidosa dulzura. Si el disco de forma global está estructurado con maestría, podríamos decir que las propias canciones cumplen un esquema o una plantilla más o menos predeterminada, es decir, que generalmente están abiertas por un ritmo o un riff introductorio breve seguido de un par de estrofas cantadas, todas ellas eso sí más pegadizas que la miel de la Alcarria, que se completan con un estribillo; a todo ello se le da un par de vueltas para cerrar el corte fusionando un solo de guitarra sencillo con el mencionado torrente sonoro “made in” Jesus and Mary Chain por cortesía de Phil Spector.

Da la sensación de que The Raveonettes se dedican a hacer una especie de estudio matemático de la música popular es decir, que el producto que diseñan se reduce a la suma de un conjunto de recursos combinados entre sí y a la fidelidad ante una serie de convicciones: la simplicidad o sencillez, la belleza, la suciedad, la dulzura y la potencia (melódica, rítmica y sonora) de aires vitalistas son, como digo, algunas de las convicciones que explican este “Chain gang of love” y que bien podrían ser el reflejo de los propios valores del grupo. En verdad, la simbiosis entre Sharin y Sune se percibe sin dificultad, complementan sus funciones el uno con el otro simplemente dejándose llevar, y eso es bueno, se nota y se contagia.

Lo que también llama la atención es que el líder natural de la banda, Sune Rose vive con bastante pasión esto del rock, y una anécdota os puede ilustrar al respecto: en el Primavera 2004, recién terminaron de tocar y según iban entrando al escenario el resto de grupos de la tarde, podías ver a Sune cruzado de brazos en la parte trasera del escenario sin parpadear lo más mínimo: se fumó a Franz Ferdinand (noveles pero magistrales), se fumó a Mudhoney (arrolladores) y aguantó hasta con los Wilco…Además, parece ser que allí donde tocan, allí que montan una fiesta sin pensárselo dos veces, el que quiera que se apunte y el que no que marche a casa. Simpáticos, enrollados, jóvenes, guapa ella y llenos de música, ¿alguien da más?.

“New York was great and we loved it all!”

Por Jesús Rodríguez

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