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SATURDAY NIGHT FIBER 19.07.08. MADRID

El calor aprieta fuerte, casi con rabia. Son las 18.30h. El aparcamiento, casi vacío, del recinto del Parque Juan Carlos I hace temer lo peor. Más de uno se lamenta y piensa en la otra cita festivalera de ese fin de semana en el extremo contrario de la ciudad. Otros, sin embargo, parecen alegrarse de la escasa afluencia de público; vaticinan un festival entre amigos, y sin largas colas para acceder a los servicios o a las barras. Todavía es pronto, aunque finalmente el Saturday Night Fiber de Madrid cerró su primera edición con un nivel de público menor al previsto por la organización.

snfpeteEl sol sigue haciendo justicia en la estepa castellana. The Rumble Strips han abierto fuego hace media hora para apenas doscientas personas, doscientas gafas de sol y doscientas gorras. La solanera es tremenda, aunque quizá sea la única y provisional pega achacable a un más que decente recinto y organización.

Tras ellos llegaron Babyshambles o, lo que es lo mismo, Pete Doherty. El enfant terrible apareció contoneándose, con gafas de sol –quizá también por eso del calor-, aunque vestido de Dior y copa de vino ya en mano –“¡Ay!” pensó más de un uno-. El concierto no pasó de aprobado. Doherty, con más pose que otra cosa, sólo logró despuntar con canciones como “Delivery”, “Killimangiro” o la final “Fuck forever”. El resto fue ramplón y no por una mala sonorización del grupo, aunque Doherty tirase al final de la actuación de su grupo el micro al público y abandonase el escenario con desdén.

Siouxsie, por su parte, ofreció el primer gran concierto de la noche. Vaya energía, agilidad de contorsionista, intensidad y frescura la de la Señora. Siouxsie, que pinta canas, aunque todavía le siente bien un traje metálico ajustado, vive de forma igual de intensa la música con el paso de los años. Siouxsie Sioux es consciente de su presente, que abarca su primer disco en solitario “Mantaray” y primero en décadas, y de su pasado con los Banshees, banda con la que rompió varios moldes estéticos. Por eso, su concierto alternó momentos de sus dos etapas artísticas.

“Into a Swan”, que abre su nuevo disco; hipnotizó con su rugosidad industrial y elegancia glam. “Here comes that day”, otro prodigio de clase, y la nostálgica “If it doesnt kill you”, las dos de su último disco, demostraron que sigue en buena forma. Aún así, los guiños a su etapa pasada fueron varios –“Christine”, “Happy house”, “Hong Kong garden”-, e igual de intensos. Siouxsie dejó el terreno preparado para Morrissey y My bloody Valentine.

La gran figura deseada…

Llegó al fin el momento de una deuda pendiente. Morrissey no pisaba Madrid desde 1986. Entonces lo hizo al frente de los Smiths y en el Paseo de Camoes. Habitual del FIB castellonenses –del que uno año se dio a la escapada- Morrissey era un objeto de deseo para el público madrileño y se comportó como tal. El británico adelantó canciones de su próximo disco y dejó caer como segunda canción del concierto la grandiosa “Ask” de los Smiths. La elección del resto del repertorio fue irregular y centrada principalmente en sus últimos discos. “First of the gang to die” o “Irish blood, English heart” sonaron redondas, pero se echaron de menos canciones como “Suedehead” o “Everyday is like sunday”. El cierre, con “How soon is now?”, vuelta a los Smiths, fue, eso sí, excelente. Mozzer sigue siendo un cantante y un personaje de altura, elegante, provocador fino, irónico; y su banda tiene buen nivel, pero quizá sea demasiado fría, precisa y convencional en directo. Ahora bien, deuda saldada.

… y la banda de culto.

Fue subirse My bloody Valentine al escenario y cambiar el festival de tercio. La banda liderada por Kevin Shields ofreció un concierto diferente al de los anteriores y posteriores grupos del festival; centrado en “Loveless”, un disco sin precedentes ni sucesores basado en capas superpuestas de –bello- ruido. La expectación era gigantesca y del mismo tamaño fueron las murallas de guitarras y notas prolongadas de “Only shallow”, con la que comenzaron la actuación. Las voces dulces, casi inaudibles, de Kevin Shield y Bilinda Butcher envolvieron e hicieron flotar en la noche madrileña la suciedad armoniosa de “When you sleep”, quizá la mejor toma del concierto, adornada con unas sugerentes proyecciones. “Come in alone”, “I only said” y “Soon”, una pieza definitoria y a la que tanto deben, por ejemplo; Garbage, pusieron fin al repaso de “Loveless”. La única pega a una actuación sobresaliente fueron los casi quince minutos de ruido, con mucho de onanismo, que prolongaron hasta la extenuación la final “You made me realice”.

Tras Morrissey y My bloody Valentine llegó la hora de Hot chip, que desplegaron su pop bailable con bastante intrascendencia. Aún faltaba Mika. Más de un criticó que el anglolibanés cerrase el festival; si bien él demostró con un concierto extremadamente divertido y acertado para él momento, que bien podía desempeñar dicho papel.

Mika desplegó un show brillante, conoce a la perfección los códigos de un buen espectáculo sin que ello conlleve descuidar la parte musical. Él en sí es todo un galán del espectáculo. Agradable, fresco, despreocupado, enérgico; supo transmitir todas esas sensaciones y firmar, con creces, el concierto más divertido del festival. Piruletas humanas gigantes, confeti, globos… el mundo del artista del falsete, inspirado en el qué Lewis Carroll escribió para Alicia, desató la histeria colectiva de un público que todavía pedía más diversión siendo ya altas horas de la madrugada.

POLÉMICA
Dos citas, dos rivales.
Hace poco en el diario El País, Gay Mercader, quizá el más grandes promotor musical de España; establecía un símil entre la actual burbuja inmobiliaria y la –decía- de festivales musicales. Mercader pronosticaba una sangría de fin de verano, en la que más de un festival terminaría arrojado en la cuneta y con la caja cerrada en números rojos. En esta batalla, en la que el gran perjudicado es el público asistente, coincidieron el tercer fin de semana en Madrid dos grandes colosos de la sobreoferta festivalera. Al oeste de la ciudad, en Boadilla del Monte, Summercase, de la promotora barcelonesa Sinnamon, celebraba su tercera edición rindiendo tributo a los tan de moda 80 (Sex pistols, Blondie); y al este, el Festival Internacional Benicassim desplegó en el Parque Juan Carlos I parte de su cartel bajo una nueva franquicia, de nombre Saturday Night Fiber, y reclamos cuasineludibles como Morrissey, el gran anhelado en Madrid, o los no menos deseados My bloody Valentine. Según los datos de ambas organizaciones, Summercase cosechó cerca de 20.000 asistentes por día y el Saturday Night Fiber, cita de una sola noche; 9.000 personas. Tanto Summercase como FIB, en su edición castellonense, perdieron este año asistentes respecto al anterior.

Por Miguel Martínez de la Cruz

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