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BAD RELIGION. 22.05.04 LA RIVIERA. MADRID

Durante la Boda Real en la Almudena los invitados se empaparon por la lluvia. A escasos metros el público de la Riviera, horas después y bajo techo, se vio también empapado, pero esta vez de sudor. Símil a modo de introducción que define cómo fue la actuación de Bad religion en Madrid: trepidante y acalorada.

Como entremés estuvo Strawberry hardcore ½, formación del antiguo líder de Def Con Dos, que ofreció una mezcla de hardcore y rap rudo y peleón políticamente hablando. A ellos se sumaron Randy. Los suecos salieron a escena con apenas medio aforo al que precalentaron gracias a buenas maneras punk y puro rock’n roll, sucio y melódico, bajo la estela de rock escandinavo de bandas como Hellacopters o Turbonegro.

Un gigantesco telón con el anagrama del grupo impreso y una música apocalíptica sirvieron de presentación a Bad religión. Los de Los Angeles abordaron una actuación frenética, engarzando temas sin pausa y conteniendo la emoción del público hasta un final en el que, como una auténtica bomba, tocaron algunas de sus mejores canciones. Quizá la voz de Greg Graffin se mantuviese en un discreto segundo plano, pero la rapidez instrumental, las refrescantes melodías y el cobijo de los coros recompensaron este aspecto. Y sobre todo las canciones: “Supersonic”, “Epiphany”, “Infected” -quizá la mejor de la noche- o “Generator” entre otras. Para los bises reservaron “21st century digital boy”, “Punk rock song” y “American Jesus”, generando el delirio colectivo.

El quinteto no demostró ser un grupo de especial complejidad instrumental, algo que subsana con esa capacidad innata, también transmitida al directo, de facturar himnos coreables y divertir a los presentes. Graffin chapurreó un más que aceptable castellano, mencionó la Boda Real -por si alguno no se había enterado-, criticó al presidente Bush y llegó incluso a invitar a un fan a subirse al escenario, cantar con él y colgarse una guitarra para hacer ruido mientras el resto de músicos tocaban.

Bad religion ven en la música un vehículo para la diversión y el disfrute sin más pretensión y desde luego su público, siempre precavido, se aseguró desde el comienzo de la actuación de tener bien atadas las zapatillas.

Por Redacción InCircles

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